jueves, 12 de febrero de 2009

Fantasías con elfas

Volviendo a recordar experiencias de mi juventud, me viene a la mente cierto día en que estaba volando en un grifo-taxi de un sito hacia otro, donde me esperaba alguien para hacer no sé qué, cuando de repente alguien me susurró: "Yo te los caliento". Tuve que pensar un rato para caer en que el susurrante en cuestión intentaba hacer una gracia con el nombre de mi personaje (Olpiesfrios). Necesité un rato, más que nada porque no suelo pensar activamente en mi propio nombre mientras vuelo... Yo le contesté algo así: "Jeje, hem... ¿nos conocemos?", a lo que contestó: "No, acabamos de cruzarnos con el grifo." Y continuó:

—¿De dónde eres?
—De Darnassus, pero vivo en Forjaz por cosas de trabajo.— Esa gracia intentaba ser una bonita y sutil forma de hacerle entender que no quería hablar con un desconocido sobre mi vida "humana", pero...
—Ja, ja. No, yo digo en la vida real.
... Y ahí deduje que era joven, de unos 16 o 17 años. No vi demasiado invonveniente en decirle la verdad, así que lo hice, lo que desencadenó...
—¿Cuántos años tienes?
A eso le contesté sin cortarme; mi edad podía prácticamente doblar la suya, y eso lo disuadiría de continuar con su /flirtear personal.
Sin embargo...
—Yo 16 —(¡Bingo!)— ¿Tienes messenger?

Sí, reconozco que la situación me desbordó un poco. No quería seguir con la conversación, y como respuesta natural e instintiva condicionada por mi género (esto significa: como soy una mujer...) acabé respondiendo con otra evasiva:

—¡Huy! Te dejo, ¿eh? Es que me pegan.
Es que me pegan. En Azeroth, un mundo donde la existencia de tu personaje se basa en pelearte con bichos, significa: "No puedo seguir escribiendo porque estoy luchando contra un monstruo y para eso necesito pulsar teclas". Cualquier jugador lo habría interpretado así, cualquiera excepto quizá alguien cuyas hormonas adolescentes le impidieran ver más allá de su... teclado. Supongo que por eso su reacción fue...

¡¿Cómo?! ¡¿Quién te pega?! ¡¿Voy a ayudarte?!

No recuerdo haberle respondido a eso...

En fin, todos sabemos que el pobre chico solo estaba dando conversación a los jugadores con los que se iba encontrando, que nada habría cambiado si en vez de con mi elfa se hubiera cruzado con mi enana, ni si me hubiera dado por engañarlo y decirle que mi nombre real es Manolo. Si es que las que jugamos a esto nos lo tenemos creído...

No hay comentarios:

Publicar un comentario