—¿De dónde eres?
—De Darnassus, pero vivo en Forjaz por cosas de trabajo.— Esa gracia intentaba ser una bonita y sutil forma de hacerle entender que no quería hablar con un desconocido sobre mi vida "humana", pero...
—Ja, ja. No, yo digo en la vida real.
... Y ahí deduje que era joven, de unos 16 o 17 años. No vi demasiado invonveniente en decirle la verdad, así que lo hice, lo que desencadenó...
—¿Cuántos años tienes?
A eso le contesté sin cortarme; mi edad podía prácticamente doblar la suya, y eso lo disuadiría de continuar con su /flirtear personal.
Sin embargo...
—Yo 16 —(¡Bingo!)— ¿Tienes messenger?
Sí, reconozco que la situación me desbordó un poco. No quería seguir con la conversación, y como respuesta natural e instintiva condicionada por mi género (esto significa: como soy una mujer...) acabé respondiendo con otra evasiva:
—¡Huy! Te dejo, ¿eh? Es que me pegan.
Es que me pegan. En Azeroth, un mundo donde la existencia de tu personaje se basa en pelearte con bichos, significa: "No puedo seguir escribiendo porque estoy luchando contra un monstruo y para eso necesito pulsar teclas". Cualquier jugador lo habría interpretado así, cualquiera excepto quizá alguien cuyas hormonas adolescentes le impidieran ver más allá de su... teclado. Supongo que por eso su reacción fue...
—¡¿Cómo?! ¡¿Quién te pega?! ¡¿Voy a ayudarte?!
No recuerdo haberle respondido a eso...
En fin, todos sabemos que el pobre chico solo estaba dando

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